martes, 23 de octubre de 2007

Capítulo 28

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......................y una vez ganado el roque de Gando, la cosa empezó a mejorar; las olas continuaban rompiendo en la cubierta, tan incomodas como siempre; pero el viento aflojó y lo más importante, al menos para Miguel, fue que ya se podía reconocer la silueta de la isleta. Así siguieron 5 horas más, el barbas gobernando el velero en la noche y charlando a ratos con su tripulante, que iba recuperando el ánimo al mismo ritmo que disminuía la distancia al puerto donde entraron a las dos de la madrugada.
Fue una entrada a puerto extraña. Todo el día lo habían pasado agitados como el hielo dentro de una coctelera y en unos minutos estaban deslizándose silenciosamente dentro de las abrigadas e iluminadas aguas del puerto. Ese contraste, sumado al cansancio y a la trasnochada dejó al barbacanas, siempre tan soñador, al borde del rapto místico (sobre todo cuando pensaba en la cama que le esperaba) así que cuando después de atracar y apagar el motor entró en el inundado desastre que era el salón ni siquiera pestañeó; silencioso y parco como un monje zen, achicó las sentinas y seco lo mejor que pudo todo lo secable, recogió lo más urgente y luego, con la ayuda de Miguel, guardó las velas, que fue lo que echo el telón a esa larga jornada de navegación.
Cuando acabaron de cruzarse recuerdos el día ya se había ido, igual que las ganas de charlar, así que después quedarse un rato más en la bañera del Oulu viendo caer el crepúsculo, el barbacanas se despido de Viki y pasó a su velero. Recogió las botellas vacías, intentó ordenar un poco el salón y ya era noche cerrada, mientras llenaba la mochila, cuando Viky le despidió desde el pantalán
-Me voy, ¿vendrás mañana?
-Seguro, hoy no he vendido una escoba
-Hasta mañana, no vemos
- Adiós.........
El pelicano acabó de trastear en unos minutos y siguió sus pasos por el pantalán camino a la puerta cuando una voz le llamó
-Buenas Noches Pepeeé ¿Ya has acabado?
Jean Cloud estaba sentado, como siempre, en el banco de estribor de la bañera, con Golfa, su perrita teckel, jugando con sus pies

FIN

martes, 16 de octubre de 2007

Capítulo 27

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...............dejar de pasar la caña a Miguel, consideraba que si el velero se abría como una sandía madura tenía que ser bajo su responsabilidad. Esto le dejó expuesto a los rociones, pero también le daba metas a corto plazo; pasaré esa ola por la amura de babor, esquivaré esa cresta rompiente, doblaré esa punta; por Dios que llegaré a puerto, es decir que le daba algo en que concentrase y no le dejaba pensar demasiado en como estaría tomando el casco el castigo, ni en las olas que corrían por la cubierta y que caían en cascadas dentro de la cabina desde los portillos, ni en la puerta del camarote de proa que se abrió de golpe a pesar de tener pasado el pestillo -lo que daba una idea de cómo se estaba retorciendo el casco- ni en el run, run del motor que a sus oídos sonaba como YOMERROMPOYOMERROMPOYOMERROMPOYOMERROMPO, ni en el estado de su tripulante.
Por que Miguel, debajo de la capota de lona que protegía el tambucho, con el brazo izquierdo rodeando un winche para no caerse y con la cabeza apoyada en el derecho era como una alegoría de la más negra desesperación, sobre todo cuando el crepúsculo los encontró en la trapisonda que monta el Roque de Gando, a muchas horas por delante del abrigado puerto de las Palmas; tan negro lo veía todo que los mensajes que acertaba a mandar con el móvil a su chica -poco menos que despedidas a la humana existencia y promesas de amor eterno al estilo de goost- consiguieron espantarla de tal forma que buscando explicaciones para su próxima viudedad los reenviaba a Viki, que casi se vuelve a herniar de risa al leerlos. Poco después de esto......................

miércoles, 10 de octubre de 2007

Capítulo 26

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....... Las olas no superarían los 3 metros; pero eran muy escarpadas, casi todas con crestas y con un ciclo muy corto; cuando el velero las remontaba se quedaba un instante en el aire y caía a plomo en el valle dando unos pantocazos terribles, lo que obligaba a gobernar para tomarlas por la amura cuando las escalaban y volver luego a rumbo en la cuesta abajo.
Así siguieron durante unas horas, de vez en cuando el que llevaba la caña se hartaba de los rociones y pedía el relevo, el barbado aprovechaba estos descansos para comer unas galletas de chocolate que Miguel tuvo el acierto de llevar, comprobar si el motor se sobrecalentaba o le daba por perder más aceite y gasoil del acostumbrado y también para tumbarse a descansar en el banco de la bañera; pero dejó de hacerlo cuando por dos veces el barco bajo más rápido que su tripulación una ola y se encontró levitando, nada del otro mundo si no fuera por que cuando la ley de la gravedad le volvió a atrapar ya no tenía banco debajo de su espalda, sino el suelo de la bañera. Por lo menos esos aterrizajes sirvieron para que Miguel se riera, algo que necesitaba; el barbicano debía de tener una pinta muy divertida, manoteando en el aire en un inútil intento de volar, con los ojos como platos y los pies colgando de la barra de escota. Otro que por entonces de reía (lo supieron después) era Viki, que volvía a las Palmas en coche por la carretera de la costa y los vio saltando como locos rodeados de borregos y espuma. Esos pantocazos llegaron a ser tan fenomenales que el pelicano decidió........

martes, 9 de octubre de 2007

Capítulo 25

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..........rebotó en la brazola, hacia el banco de la bañera, donde impacto astillando la teka y salió despedida, bramando como las balas en las pelis de baqueros, hacia la cabina. Si esto hubiera ocurrido unos minutos antes o si Miguel no hubiera cambiado de banda al virar, el tripulante del barbacanas habría sido conocido desde entones como "Miguelín el eunuco" y se habría cambiado sin pensarlo mucho por "Tom hocico roto" o por "Jimy el tuerto"
En realidad el barbas tenía que haberse declarado, otra vez, vencido por el alísio y volver grupa al viento. Alguien menos cabezón o más cuerdo o con un atraque lo hubiera hecho; por desgracia para el barco y para su tripulante, el barbicano es cabezón y un poco loco, aunque no tanto como para dejar el velero fondeado en el sur sin vigilancia durante unas semanas, así que gritando "Santiago y cierra España" arrancó el motor, cerraron bien sus trajes de agua y con la cabeza hundida entre los hombros se dispusieron a disfrutar de la “brisa”.
Con el motor tosiendo a 2000 vueltas ganaron punta Tenefé, arrumbando después hacia el roque de Gando, maniobra que les puso proa a la mar. Con ese rumbo estarían un par de horas hasta que una enfilación chivó al astuto, y a esas horas empapado patrón, que la creciente mar y viento les tenía clavados, así que metió 500 vueltas más al motor, intentando no pensar demasiado en que ya hacía algún tiempo que cumplió los 20 añitos; sin embargo esas vueltas extras fueron suficientes para que se dispararan a 2 nudos, velocidad con la que podrían adelantar a una tortuga no demasiado joven. La moral, ya bastante tocada, empezó a ponerse a prueba..............